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¿Eres un buen jefe?

eres un buen jefe

Descubre si la gente con la que trabajas confía en ti o si debes modificar determinados comportamientos y actitudes para alcanzar mejores resultados.

El principal reto al que se enfrentan los emprendedores actualmente es que están forzados a desempeñar diversos roles dentro de la empresa. Son personas que tienen que encargarse de vender sus servicios, liderar un equipo y realizar las labores habituales de una gerencia. Hacer todo esto mientras luchan porque su negocio sobreviva es una tarea tan extenuante que habitualmente pasan por alto el lado más humano de su cargo.

Vamos a plantear un ejercicio de partida que te va a servir a identificar algunos comportamientos. Es sencillo, probablemente no siempre hayas dirigido una empresa, así que te será fácil recordar antiguos jefes con los que trabajaste en el pasado.

Piensa ahora en actitudes que estas personas tenían y no te gustaban. ¿Identificas en ti algún comportamiento similar? Probablemente sí, ¿verdad? En ocasiones, el trabajo es tan absorbente que no te paras a pensar en cómo estás liderando a tu equipo.

El trabajo es tan absorbente que no te paras a pensar en cómo estás liderando a tu equipo.

Pues bien, es momento de tomarse una pausa para hacer una introspección que te permita asimilar información sobre cómo tratas a las personas que tienes a tu cargo y averigües en qué áreas necesitas mejorar.

A continuación, Vamos a hacerte 8 preguntas a las que tienes que responder de manera honesta, ya que sí lo haces te ayudarán a determinar si eres un buen líder o si debes modificar determinados comportamientos y actitudes para alcanzar mejores resultados. ¡Comenzamos!

1. ¿Sabes delegar?

Si todo lo haces tú, te obligas a revisar dos veces el trabajo de otros y te empeñas en estar siempre presente en cualquier comunicación entre tu equipo y vuestros clientes, es más que probable que no te de tiempo a cumplir con tus propias responsabilidades y acumules toneladas de trabajo por hacer.

En este punto tienes dos opciones, seguir como hasta ahora -con los riesgos que eso conlleva-, o bien aprende a delegar en los demás.  Cuando le encargues una tarea a un miembro de tu equipo o varios, intenta no inmiscuirte,  una vez que has dados las instrucciones, deja que esa persona haga su trabajo y confían en que lo hará correctamente.

Cuando haya pasado un tiempo prudencial para que se haya familiarizado con su nueva tarea, pide un feedback sobre el  procedimiento.  Comienza haciendo preguntas sencillas pero también pide ejemplos específicos que te permitan cerciorarte de que el trabajo se está llevando a cabo en la línea que habíais acordado.  Verás como pronto te acostumbras a esta nueva forma de trabajar y tanto tú como tus empleados, la agradecéis.

Ellos valorarán positivamente la confianza depositada y pondrán más cuidado en su desempeño porque ya no cuentan con la tranquilidad de que su jefe va a revisarlo y corregirlo después.  Por tú parte, comprobarás como comienzas a disponer de tiempo suficiente para encargarte de sus responsabilidades y no te llevas tanto trabajo a casa.


2. ¿Eres claro y preciso en tus instrucciones? 

Cuando plantees un nuevo reto a tu equipo o presentes un proyecto intenta dar las instrucciones de forma clara y precisa. Explica detalladamente qué es lo que hay que hacer y los plazos que tienen para desempeñar las tareas. Si eres impreciso, tus receptores pueden interpretar de manera incorrecta el mensaje y no cumplir con tus expectativas.

Recuerda siempre terminar tus exposiciones diciendo ¿alguien tiene alguna pregunta? Así darás a tu equipo la oportunidad de plantear y solventar cualquier duda que les haya surgido durante tu exposición.


3. ¿Otorgas el crédito a quien lo merece? 

Dar el reconocimiento a los trabajadores que hacen bien su trabajo y celebrar sus éxitos reforzará su confianza y hará que busquen siempre  la excelencia en sus resultados.

Si por el contrario te adueñas de las ideas que otros tienes o únicamente  dejas que tu opinión sea escuchada, el resto del equipo se sentirá desmotivado y dejarán de mostrar interés por dar su punto de vista. Tampoco mostrarán ninguna inquietud por hacer bien su trabajo, puesto que saben que nadie va a saber que fueron ellos los responsables.


4. ¿Eres cercano y estás siempre disponible?

Las personas que  trabajan para ti querrán saber que pueden contar con tu apoyo y tu ayuda cuando surja algún problema o se enfrenten a un nuevo reto. Si te muestras disponible, ellos tendrán siempre a mano la respuesta que necesitan y el trabajo saldrá bien a la primera, sin necesidad de que haya que hacerlo de nuevo.

Recibir la información que requieren a tiempo les hará sentirse más seguros y probablemente, harán que te vean más como un líder o un mentor. Una persona a la que tomar como ejemplo y quien aspirarán parecerse en el futuro.


5. ¿Te mosqueas cuando hay un problema? 

Cuando  uno se enfrenta a situaciones negativas, la mayoría de personas tienden a ponerse a la defensiva. Sin embargo, un buen jefe debe dejar de lado sus emociones  y aprender a controlar sus sentimientos.

Lo importante en un momento de crisis es encontrar una solución y si estás demasiado enfocado en tus emociones, no la encontrarás. Así que deja de lado tus emociones, aprende a controlar tus sentimientos -en lugar de dejar que ellos te controlen a ti- y comienza a trabajar junto a tu equipo en mitigar los efectos negativos del problema.

Un buen jefe debe dejar de lado sus emociones  y aprender a controlar sus sentimientos.


6. ¿Siempre eres respetuoso con tu equipo?

Empieza a prestar atención a las palabras que usas cuando te diriges a tus empleados y  a ser consciente de los gestos corporales que empleas cuando lo haces. Si identificas que tu lenguaje o comportamiento es degradante o irrespetuoso, elimínalo.

Los líderes que caen en este tipo de errores no inspiran confianza,  ni invitan a otros a seguirlo, todo lo contrario. Estas actitudes provocan miedo, dan cabida a sentimientos negativos hacia tu persona y no colaboran en crear un ambiente agradable de trabajo donde la gente se sienta cómoda y pueda decir lo que piensa sin temores y en confianza.

Si identificas que tu lenguaje o comportamiento es degradante o irrespetuoso, elimínalo.


7. ¿Apoyas a tu equipo en situaciones de crisis? 

Cuando algo sale mal lo importante es arreglarlo, no averiguar quién es el responsable de la incidencia. Cuanto antes se arreglen las cosas, antes volverá todo a la calma y el cliente sabrá valorar la rapidez de acción.

Un error común y poco acertado, es que un jefe en lugar de ponerse de parte de su equipo y apoyarlo, le de la razón al cliente. Quizás muchos lo hagan inconscientemente y por el mero hecho de apaciguar los ánimos, pero lo cierto es que la impresión que el cliente recibe es de desunión.

Las personas trabajan mejor y se esfuerzan más cuando sienten que eres leal a ellos y siempre tendrán tu apoyo. Ten esto en cuenta y  la próxima vez que os enfrentéis a una situación de crisis, intenta hacerlo como un frente unido.

Las personas trabajan mejor y se esfuerzan más cuando sienten que eres leal a ellos y siempre tendrán tu apoyo.


8. ¿Promueves el crecimiento profesional dentro de tu empresa?

Los grandes líderes buscan formar a personas que el día de mañana puedan reemplazarles. Eso requiere que te vean como un mentor, alguien de quien puedan aprender las cualidades necesarias para mejorar como profesionales.

Tómate el tiempo que sea necesario para conocer las aspiraciones de los miembros de tu equipo, incentívalos para que sigan trabajando para mejorar y  conseguir sus sueños. Así lograrás que se sientan motivados y se muestren más participativos. Debes tener en cuenta que cuando una persona se siente parte de algo, eso anula sus deseos de marcharse a otro lugar. De manera que estarás también fidelizando a esas personas y formando un buen equipo que está motivado y busca la excelencia en su trabajo.


Si has respondido afirmativamente a la mayoría de las preguntas, ¡enhorabuena! Eres un excelente jefe y líder de equipo, pero si alguna se te resiste, te animamos a que modifiques esos comportamientos y ya verás como el rendimiento general de toda la oficina mejora notablemente.

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